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ROMA, 9 de diciembre del 2010 “Polite esta palabra apareci como un rayo en un reciente discurso de Benedicto XVI en el s de obispos del Medio Oriente, es decir, precisamente en la tierra natal del Dios hecho hombre, Jes y de los m poderosos monote de la historia, el jud y el musulm

“Credo in unum Deum” es el poderoso acorde del que tiene principio la sinfon de la doctrina cristiana. Pero para Joseph Ratzinger, Papa te el polite no est muerto para nada. Es el desaf perenne que tambi hoy se yergue contra la fe en el Dios.

“Pensemos en las grandes potencias de la historia de hoy”, continu el Papa en el s Los capitales an la violencia terrorista, la droga, la tiran de la opini p son las modernas divinidades que esclavizan al hombre. Deben caer. Se debe hacer que caigan. La ca de los dioses es el imperativo de ayer, de hoy, de siempre para los creyentes en el Dios verdadero.

Pero el polite de hoy no est hecho s de potencias oscuras. Sus muchos dioses tienen tambi rostro ben y capacidad de seducir.

Es la “gaia ciencia” vaticinada por Nietzsche hace m de un siglo, que ofrece a cada hombre “la m grande ventaja”: la de “erigir su propio ideal y derivar de ello su ley, sus alegr y sus derechos”.

Es el triunfo del libre arbitrio individual, sin tener m el yugo de una tabla de la ley, una sola para todos porque est escrita por un Dios intratable.

Esa admiraci por el “Genio del cristianismo” que hab inflamado Chateaubriand y los rom cede hoy el paso a un redescubrimiento entusiasta del “Genio del paganismo”, t de una peque obra del antrop franc Marc Aug

En Italia otro antrop Francesco Remotti, embiste contra “La obsesi de la identidad”, t de su libro, y reprende al Papa, en otro libro suyo en forma de carta, por su obstinado proceder “contra natura”, contra una modernidad que por el contrario hace gustar las maravillas del polite as l pluralista, tolerante, liberador.

EL “ESP DE AS

Cierto, el actual revivificarse del polite no vuelve a poner marcha el culto a J y a Juno, a Venus y a Marte. Pero la filosof de los paganos cultos del imperio de Roma vuelve a aflorar intacta en el razonamiento de tantos modernos partidarios del “pensamiento d Y no s de estos. Quien hoy lee nuevamente diecis siglos despu la disputa entre el monote Ambrosio, el santo patrono de Mil y el polite S senador de al Roma pagana, se siente fuertemente tentado de dar raz al segundo, cuando dice: ” importa por cual v cada uno busque, seg el propio juicio, la verdad? No por un solo camino se puede llegar a un misterio tan grande como ese”.

La magn paridad entre todas las religiones y los dioses, que estas palabras parecen inspirar encanta tambi a muchos cristianos. El “esp de As nacido de la reuni multirreligiosa que all se tuvo en 1986, ha contagiado en tal modo el difundido sentir que en el 2000 la Iglesia de Juan Pablo II y del entonces cardenal Joseph Ratzinger se sinti en el deber de recordar a los cat que hab un solo salvador de la humanidad, y es el Dios hecho hombre en Jes una verdad sobre la cual todo el Nuevo Testamento se sostiene o cae, una verdad que en dos milenios la Iglesia jam hab sentido la necesidad de reafirmar con un pronunciamiento “ad hoc”. Sin embargo, la declaraci del 2000, la “Dominus Iesus”, fue acogida con un fuego de protestas, de dentro y fuera de la Iglesia, por su exclusi de una pluralidad de caminos de salvaci todos en s suficientes y plenos de gracia y verdad.

Que en estos sentimientos se anide la nostalgia por una pluralidad de dioses es posible, pero el polite de hoy en d a nivel de masa, es m sutil.

La idea corriente es que las varias religiones son a su modo, todas, expresi de un “divino”. Y sin embargo, esta divinidad suma, como ya explicaba a Ambrosio el pagano S es imposible de conocer y lejana, demasiado lejana para apasionar a los hombres y cuidar de ellos.

De un escritor latino del siglo III, Minucio F nos ha llegado otro di muy refinado, en el cual el pagano Cecilio, paseando sobre el litoral de Ostia, despu de haber rendido homenaje a una estatua de Ser explica que “en las cosas humanas todo es dudoso, incierto, indeciso”, pero precisamente por esto es bueno seguir la religi de los antiguo y adorar “aquellos dioses que nuestros padres nos ense a temer, m que a conocer de muy cerca”.

En una homil en la plaza San Pedro del pasado 11 de junio, Benedicto XVI dijo que “extra este pensamiento volvi a resurgir en el Iluminismo”. Y en efecto un campe de la edad de las luces como el no creyente Voltaire ordenaba a sus familiares y a la servidumbre reverenciar al cristianismo y a sus preceptos, por motivos de buena crianza c Quiz Dios exista. Y quiz es quien ha creado el mundo. Pero luego se ha desinteresado del mismo de tal manera que ha desaparecido del horizonte vital. Su bondad consiste en no producir molestia alguna.

Y as bajo el cielo de esta divinidad vaga y remota, la tierra se ha poblado de nuevos dioses. Con uniforme laico y pragm

POLITE DE LOS VALORES

Ya en el siglo XIX, en sus “Ensayos sobre la religi el economista y fil John Stuart Mill escribi que el polite era largamente m funcional que el monote para describir la pluralidad de que caracterizaban el escenario de vida de la primera sociedad industrial. Y Max Weber, a inicios del siglo XX, acu la f de “Polytheismus der Werte”, polite de los valores, precisamente para indicar el pante de la moderna sociedad.

En un mundo ya desencantado, sin tener m un Dios que proclame mandamientos v para todos, cada una de las esferas sociales desde la pol a la econom del arte a la ciencia y a la misma religi es regida por un dios propio con sus or Or frecuentemente en conflicto entre ellos, con el hombre dram solo a la hora de las decisiones.

Weber, con el impecable distanciamiento del estudioso, no dijo si este moderno polite fuese un bien o un mal. Pero otros pensadores venidos despu de ya no esconden hacia donde van sus simpat

En la segunda mitad del siglo XX, a la “teolog pol del monote propugnada por Erick Peterson (un autor entre los m le y admirados por Joseph Ratzinger desde que era un joven profesor), el fil alem Odo Marquard opone una “teolog pol del polite y en el t de su ensayo alaba dicho polite con el calificativo de “iluminado”. A su juicio, el hombre tiene siempre necesidad de mitos, y lo importante es que tales mitos sean muchos y abiertos a infinitas variaciones, como en la mitolog antigua, al contrario del juda y del cristianismo que se apoyan en hechos hist e incontrovertibles.

En Espa la fil Mar Zambrano ha puesto el dedo contra el ascetismo de origen medieval de la espiritualidad cristiana, destructivo de los sentimientos. Es la poes a su juicio, la que puede liberar al hombre del “monolitismo” y restituirlo a su alegre polite nativo.

En Italia es Salvatore Natoli el fil que defiende una ” del infinito”, un es decir, conjunto de referencias “polite m que ofrezcan al hombre puntos de apoyo, jam definitivos, pero siempre capaces de salvarlo provisionalmente de la anarqu de los instintos.

Pero seguramente la obra que ha infundido m en la cultura italiana contempor una revaloraci del polite es m literaria que filos es “Las bodas de Cadmo y Armonia”, de Roberto Calasso, de 1988, con su evocaci gloriosa de la mitolog cl

PARA UN REENCANTAMIENTO DEL MUNDO

A pesar del “desencanto del mundo” descrito por Weber, la sociedad moderna no parece inmune a la opuesta seducci de un mundo nuevamente encantado.

Alain de Benoist, pensador de la “nouvelle droite” franc es el m ardoroso pregonero de este retorno a la sacralidad neopagana

Para la corriente cultural que representa, el gran enemigo es precisamente el juda y el cristianismo con su idea “desacralizante” de creaci En efecto, si no hay otro Dios aparte del Dios las creaturas ya no tienen nada de divino y hasta los astros, como dice la primera p del G son simples “luminarias” que penden del Creador a su vez celeste para marcar el d y la noche. El mundo es definitivamente entregado a su profanidad.

Observa Leonardo Lugaresi, docente en Bolonia y Par y especialista de cristianismo antiguo: “En el reclamo que hoy se le hace al cristianismo de ser responsable de la desacralizaci del mundo, la que vuelve a entrar en juego, bajo nuevas formas, no es sino la vieja acusaci de ate a los cristianos de los primeros siglos”.
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